Durante mucho tiempo pensé que necesitaba desarrollar más mi intuición para aprender a recibir más: percibir más, canalizar mejor, confiar más en aquello que llegaba a mí y poderlo confirmar como una verdad.
Con la experiencia comprendí que quizá la cuestión no era cuánto podía recibir y percibir, sino desde dónde estaba recibiendo.
Esto cambió profundamente la manera de enfocarme en mí y en mi intuición.
Hoy siento que abrirme a recibir no significa convertir cada percepción en una certeza. Significa estar disponible para que algo pueda revelarse, sin necesidad de controlar qué debería aparecer ni qué significado tendrá.
Lo que siento que es esencial es el hecho de poder discernir y de soltar lo que llega, para que pueda seguir su curso y que te pueda acabar mostrando lo que estés preparada para ver y comprender en el momento adecuado, sin que lo estés esperando.
Discernir no es desconfiar de mi intuición. Es escucharla con humildad y honestidad, diferenciando lo que percibo de lo que interpreto, lo que sé de lo que todavía desconozco. Es permitir que la intuición me haga llegar más luz para que pueda decidir abrir una nueva puerta sin condicionarme a atravesarla de una determinada manera ni presionarme para saber a qué me va a conducir.
Por eso hoy siento que, de esta manera, la intuición se vuelve humilde y libre.
Humilde, porque reconozco y me libero de la carga de pensar que debo confirmar una respuesta que se esté esperando, ni que soy la fuente de la verdad. Nuestra percepción también está tintada por nuestra historia, nuestras experiencias y nuestra mirada. Y eso también es importante reconocerlo.
Libre, porque ya no necesito demostrar si tengo razón o no la tengo, ni de tener una confirmación en un determinado momento, porque esa no es ni la intención ni mi propósito.
Para mí, la intuición se parece cada vez más a una ventana: podemos abrirla para dejar entrar la luz, pero no necesitamos saber qué iluminará. Nuestro papel es simplemente estar abiertas, presentes, observar y discernir.
Confiar verdaderamente en nuestra intuición, quizás no consista en creer que acertaremos, sino confiar en que podemos permanecer abiertas, honestas y presentes mientras la verdad encuentra su propio camino para llegar a casa. Y, así, nosotras podemos seguir nuestro camino de servicio con humildad y libertad.
Con amor,
Mònica